David Copperfield
David Copperfield Le hablé, y ella se sobresaltó y dio un grito. Pero, al percatarse de que era yo, me llamó «mi pequeño Davy» y «mi querido hijito». Después se acercó a mí y, arrodillándose en el suelo, me besó; apoyó mi cabeza en su pecho junto a la criatura que allí se acurrucaba, y puso su manita en mis labios.

Cambios en casa
Yo hubiera deseado morir; en aquel mismo instante, con aquellos sentimientos en mi corazón. Y nunca habría estado mejor preparado para entrar en la morada celeste.
–Es tu hermano –dijo mi madre, acariciándome–. Davy, ¡mi precioso niño! ¡Mi pobre hijito!
Y me besó una y otra vez, sin dejar de abrazarme. Así nos encontró Peggotty cuando llegó corriendo y se echó al suelo junto a nosotros; y la buena mujer nos abrumó con sus demostraciones de cariño durante más de un cuarto de hora.