David Copperfield
David Copperfield –David Copperfield debe acudir al despacho del director –exclamó.
Yo esperaba una cesta de provisiones de Peggotty, y me alegré de oÃr su orden. Algunos de los alumnos me pidieron que no les olvidara en el reparto de golosinas, y salà de mi banco presuroso.
–No es necesario que corra, David –señaló el señor Sharp–. Tiene tiempo de sobra, hijo mÃo; no se apresure.
Es posible que, si lo hubiera pensado un poco, me hubiese sorprendido el tono emocionado de su voz; pero no me di cuenta hasta más tarde. Me dirigà rápidamente al despacho del señor Creakle, y encontré a nuestro director desayunando, con su bastón y un periódico; la señora Creakle tenÃa una carta en las manos. Pero no vi ninguna cesta.
–David Copperfield –dijo la señora Creakle, mientras me conducÃa hasta un sofá y se sentaba a mi lado–. Quisiera hablar con usted, pequeño. Tengo algo que comunicarle.
Volvà los ojos hacia el señor Creakle, que movió la cabeza sin reparar en mà y pareció ahogar un suspiro con una enorme rebanada de pan tostado con manteca.