David Copperfield
David Copperfield No hacía falta que me lo dijera. Había estallado en llanto, sumido en gran desconsuelo, y me sentía solo en el mundo.
La señora Creakle fue muy amable conmigo. Me tuvo allí todo el día, y de vez en cuando me dejaba a solas; yo lloraba hasta caer rendido de fatiga, volvía a despertarme y estallaba nuevamente en sollozos. Cuando hube agotado las lágrimas, empecé a pensar; y el peso que oprimía mi pecho se hizo más abrumador, y mi pena se convirtió en un dolor sordo para el que no existía consuelo.