David Copperfield
David Copperfield –Su dolor es otra cosa. En este momento se encuentra muy abatido, sentado junto a la chimenea en compañÃa de la señorita Murdstone; pero si yo entrara en la sala, Peggotty, él sentirÃa algo muy diferente.
–¿Y qué sentirÃa?
–Cólera –respondÃ, imitando sin darme cuenta su siniestro ceño–. Si estuviera solamente triste, no me mirarÃa de ese modo. Yo estoy solamente triste, y la pena me vuelve más cariñoso.
Peggotty tardó algún tiempo en contestar; y yo me calenté las manos, tan silencioso como ella.
–Davy –dijo finalmente.
–SÃ, Peggotty.
–He intentado por todos los medios, posibles e imposibles, conseguir un empleo aquÃ, en Blunderstone; pero no he encontrado nada, tesoro mÃo.
–¿Y qué piensas hacer, Peggotty? –pregunté, apenado–. ¿Dónde irás en busca de fortuna?
–Supongo que tendré que marcharme a Yarmouth –repuso ella–, y vivir allÃ.
–PodrÃa haber sido mucho peor –dije, animándome un poco–; si te fueras más lejos, serÃa como perderte para siempre. Pero allà te veré de vez en cuando, mi vieja y querida Peggotty. Yarmouth no está en el fin del mundo, ¿verdad?