David Copperfield
David Copperfield –¡Todo lo contrario! ¡Gracias a Dios! –exclamó Peggotty, alborozada–. Mientras siga aquà mi pequeño, vendré a visitarle todas las semanas. ¡Un dÃa, todas las semanas de mi vida!
Su promesa me quitó un gran peso de encima; pero eso no era todo:
–Davy –prosiguió Peggotty–, lo primero que haré será pasar quince dÃas en casa de mi hermano para serenarme un poco y volver a ser la misma de siempre. Pues bien, he estado pensando que, como ahora no le necesitan aquÃ, quizá le dejen venir conmigo.