David Copperfield
David Copperfield La misma tarde de nuestra llegada, el señor Barkis se presentó, con aire torpe y desmañado, llevando un montón de naranjas en un pañuelo anudado. Como no hizo la menor alusión a ellas durante su visita, supusimos que las había dejado olvidadas al marcharse; hasta que Ham, después de correr tras él para devolvérselas, regresó con la noticia de que eran para Peggotty. A partir de entonces, apareció todos los días exactamente a la misma hora, y siempre con un hatillo, al que nunca hacía referencia, y que dejaba invariablemente detrás de la puerta. Aquellas ofrendas de su amor eran de lo más variopintas y excéntricas. Recuerdo entre ellas ocho manitas de cerdo, un enorme alfiletero, medio saco de manzanas, un par de pendientes de azabache, algunas cebollas de España, una caja de dominó, un canario con su jaula y una pata de cerdo adobada.