David Copperfield
David Copperfield No existen palabras para expresar la angustia que sentà al verme arrojado entre aquellos muchachos; comparé a los que iban a ser mis nuevos compañeros, dÃa tras dÃa, con aquellos otros de mi infancia más feliz… y no digamos con Steerforth, Traddles y los demás niños del internado; y todos mis anhelos de llegar a ser un hombre culto y distinguido murieron dentro de mÃ. Es imposible describir mi desesperanza; la vergüenza que me inspiraba mi situación; el dolor de pensar que cuanto habÃa aprendido y meditado, cuanto me habÃa hecho feliz, cuanto habÃa estimulado mi imaginación y mi ambición, irÃa borrándose poco a poco, antes de caer para siempre en el olvido. En el curso de aquella mañana, siempre que Mick Walker me dejaba solo, mezclaba mis lágrimas con el agua de fregar botellas; y sollozaba como si también mi corazón se hubiera agrietado y corriese peligro de estallar.