David Copperfield
David Copperfield –Como tengo la impresión de que sus peregrinaciones por esta metrópoli han sido hasta ahora muy escasas, y de que no le resultará fácil penetrar en los laberintos de la moderna Babilonia para dirigirse a City Road… En una palabra –agregó el señor Micawber en otro arranque de confianza–, para que no se pierda, será un placer para mà venir a buscarle esta noche, a fin de señalarle el camino más corto.
Le di las gracias de todo corazón, pues era muy amable por su parte tomarse tantas molestias.
–¿A qué hora –inquirió el señor Micawber– debo…?
–A eso de las ocho –repuso Quinion.
–A eso de las ocho. Le deseo muy buenos dÃas, señor Quinion. No le importunaré más.
Después de ponerse el sombrero, se marchó con el bastón bajo el brazo, muy erguido; y, en cuanto salió del despacho, empezó a tararear una canción.