David Copperfield
David Copperfield El señor Quinion aprovechó la ocasión para aconsejarme que trabajara de firme en el almacén de Murdstone y Grinby, por un salario de seis chelines a la semana. No recuerdo con exactitud si eran seis o siete. Me inclino a pensar que al principio eran seis y después, siete. Me pagó una semana por adelantado (de su propio bolsillo, según creo), y yo le entregué seis peniques a Patata Enharinada para que me llevara aquella noche el baúl a Windsor Terrace, ya que, a pesar de lo pequeño que era, pesaba demasiado para mí. Pagué otros seis peniques por el almuerzo, un pastel de carne y una ronda en la bomba de agua cercana; y paseé por las calles hasta que terminó la hora que nos daban libre para comer.
El señor Micawber reapareció a la hora acordada. Me lavé el rostro y las manos, en honor a su elegancia, y nos encaminamos juntos a nuestra casa, pues supongo que es así como debo llamarla ahora. A medida que avanzábamos, mi acompañante iba señalando los nombres de las calles y el aspecto de las casas que formaban las esquinas, con el fin de que por la mañana encontrase sin dificultad el camino de vuelta.