David Copperfield
David Copperfield Me contestó tan asombrada que volvà a espabilarme. Dejó entonces su labor y me miró, con la hebra suspendida en el aire.
–Pero ¿te has casado alguna vez, Peggotty? –insistÖ. Porque eres muy bonita, ¿no?
Sin duda su belleza era muy diferente de la de mi madre; pero a mà me parecÃa perfecta en su estilo. En el salón principal habÃa un taburete de terciopelo rojo en el que mi madre habÃa bordado un ramillete de flores. El fondo de aquel taburete me recordaba a la tez de Peggotty. El terciopelo era suave y el rostro de Peggotty, áspero; pero ¿qué más daba?
–¡Bonita yo, Davy! –exclamó Peggotty–. ¡Qué va, pequeño! Pero ¿qué le ha hecho pensar en el matrimonio?
–No lo sé, Peggotty. Nadie puede casarse con más de una persona al mismo tiempo, ¿verdad?
–Claro que no –se apresuró a responder ella.
–Pero, cuando alguien se casa con una persona y ésta muere, puede casarse otra vez, ¿no es as�
–Si ése es su deseo –contestó Peggotty–. Depende de cada uno.
–¿Y tú qué opinas? –quise saber.
Los dos nos miramos con curiosidad.