David Copperfield
David Copperfield –Devuélvame el dinero, se lo ruego –exclamé, aterrorizado–; y déjeme en paz.
–¡A la comisarÃa! –contestó el joven–. Se lo explicará a la PolicÃa.
–Deme mi baúl y mi dinero –grité, rompiendo a llorar.
–¡A la comisarÃa! –repitió, arrastrándome violentamente hacia el burro, como si existiera alguna afinidad entre este animal y el magistrado.
Pareció entonces cambiar de opinión, saltó a su carro, se sentó sobre mi baúl y, amenazando con llevarme directamente a la PolicÃa, se alejó traqueteando más deprisa que nunca.