David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

–¡Ay, mis pulmones y mi hígado! –se quejó el viejo–. ¡No! ¡Ay, mis ojos! ¡No! ¡Ay, mis brazos y mis piernas! ¡No! Dieciocho peniques. ¡Gorú!

Cada vez que soltaba esta exclamación, parecía que iban a saltársele los ojos; y pronunciaba todas las frases con el mismo soniquete, que se asemejaba al de una ráfaga de viento, que empieza suavemente y sopla cada vez más fuerte, hasta aminorar de nuevo.

–Está bien –repliqué, contento por haber cerrado el trato–. Aceptaré los dieciocho peniques.

–¡Ay, mi hígado! –gritó el viejo, arrojando la chaqueta encima de un estante–. ¡Salga de la tienda! ¡Ay, mis pulmones! ¡Salga de la tienda! ¡Ay, mis brazos y mis piernas! ¡Gorú! No me pida dinero; hagamos un trueque.

Nunca he estado tan asustado en toda mi vida, ni antes ni después. Le dije humildemente que necesitaba dinero, y que ninguna otra cosa me resultaría de utilidad, pero que esperaría fuera, si lo deseaba, pues no deseaba meterle prisa. De modo que salí y me senté a la sombra, en una esquina. Y estuve tantas horas allí que la sombra se convirtió en sol, y el sol se convirtió nuevamente en sombra, y yo seguía sentado esperando el dinero.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker