David Copperfield
David Copperfield Al oír esto, Janet subió corriendo las escaleras, como si la casa estuviera ardiendo, se precipitó a un pequeño prado que había delante de la casa y ahuyentó a dos asnos montados por dos damas, que habían tenido el atrevimiento de pisar el césped. Entretanto, mi tía salió apresuradamente de la casa, agarró las bridas de un tercer animal, que llevaba un niño a lomos, y le obligó a dar la vuelta; después de conducirlo fuera de aquellos sagrados límites, dio un cachete al infortunado pequeño que había osado profanar tan sacrosanto terreno.