David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
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El baño me reconfortó. Pues había empezado a tener los miembros muy doloridos, después de tantas noches a la intemperie; y estaba tan cansado y alicaído que apenas podía tener los ojos abiertos cinco minutos seguidos. Una vez limpio, la señorita Betsey y Janet me pusieron una camisa y unos pantalones del señor Dick y me envolvieron en dos o tres chales de gran tamaño. No sé qué clase de paquete parecería, pero sin duda uno muy caliente. Como me sentía muy débil y somnoliento, me tendí de nuevo en el sofá y me quedé dormido.

Es posible que fuera un sueño, nacido de la fantasía que había ocupado tanto tiempo mi pensamiento, pero me desperté con la impresión de que mi tía se había acercado e inclinado sobre mí, había apartado los cabellos de mi rostro, colocado mi cabeza para que estuviera más cómodo y se había quedado un rato contemplándome. Las palabras «hermoso muchacho» y «pobre pequeño» parecían resonar también en mis oídos; pero lo cierto es que, cuando desperté, no vi nada que pudiera inducirme a creer que mi tía las había pronunciado, pues seguía mirando el mar sentada junto al ventanal, detrás del abanico verde, cuya base era una especie de pivote que giraba en todas direcciones.



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