David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Estoy convencido de que, sin aquellos desgraciados asnos, nos habríamos entendido bien; pues mi tía había colocado su mano encima de mi hombro y yo, envalentonado por su gesto, había sentido el impulso de besarla y de pedirle su protección. Pero aquella interrupción, y lo alterados que quedaron sus nervios después del combate, pusieron fin a cualquier pensamiento más tierno; y mi tía, presa de gran indignación, aseguró una y otra vez al señor Dick que estaba decidida a apelar a los tribunales y acusar de allanamiento de morada a todos los propietarios de burros de Dover. Y no dejó de hacerlo hasta la hora del té.

Después de merendar nos sentamos junto a la ventana, al acecho de nuevos invasores (a juzgar por la expresión vigilante de la señorita Betsey), hasta que oscureció. Entonces Janet encendió las velas, colocó un tablero de backgammon sobre la mesa y bajó las persianas.

–Y ahora, señor Dick –exclamó mi tía, con aire solemne y el dedo índice nuevamente levantado–; quisiera preguntarle otra cosa. Mire a este niño.

–¿El hijo de David? –inquirió el señor Dick, con rostro atento y confundido.

–En efecto –contestó la señorita Betsey–. ¿Qué haría ahora con él?

–¿Con el hijo de David?

–Sí –replicó mi tía–. Con el hijo de David.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker