David Copperfield
David Copperfield –Ya sé que no es el lenguaje que se emplea en los negocios, ni el que utiliza la mayorÃa de la gente –prosiguió–. Por ese motivo, siempre insisto en que no mencione ni una sola palabra de ese asunto en su memorial.
–¿Entonces está escribiendo su historia?
–En efecto, pequeño –contestó mi tÃa, frotándose de nuevo la nariz–. Esta redactando un memorial sobre sus asuntos, dirigido al lord canciller, o al lord No-sé-cuántos…; en fin, a uno de esos señores a los que se paga un sueldo para recibir memoriales. Supongo que lo enviará uno de estos dÃas. TodavÃa no ha encontrado el mejor modo de expresarse, pero carece de importancia: le sirve de distracción.
Lo cierto es que más adelante descubrà que el señor Dick llevaba diez años tratando de impedir que el rey Carlos I apareciera en su memorial; pero éste siempre se colaba en él, y allà continuaba en aquellos momentos.
–Vuelvo a decirte –dijo mi tÃa– que nadie le conoce tan bien como yo, y que es la criatura más dócil y amable del mundo. Si a veces le gusta volar una cometa, ¿qué hay de malo en ello? Franklin[26] solÃa hacerlo. Era cuáquero, o algo parecido, si no me equivoco. Y un cuáquero volando una cometa es mucho más ridÃculo que cualquier otro hombre.