David Copperfield
David Copperfield Durante el tiempo que necesariamente transcurrió antes de que recibiera una respuesta del señor Murdstone a su carta, viví en un estado de extrema inquietud; pero intenté por todos los medios disimular, y ser lo más amable posible con mi tía y con el señor Dick. Este último habría salido conmigo a volar la gigantesca cometa; pero como yo no tenía más ropa que la extravagante indumentaria con la que me habían ataviado el primer día, estaba confinado en la casa, si exceptuamos el paseo de una hora por el acantilado que la señorita Betsey me obligaba a dar antes de acostarme, por motivos de salud. Finalmente, llegó la contestación del señor Murdstone y mi tía me comunicó, para mi inmenso horror, que vendría a hablar personalmente con ella al día siguiente. Desde muy temprano, esperé envuelto en mis extraños ropajes, contando las horas, nervioso y acalorado, cada vez con menos esperanzas y más miedo; era consciente del terror que sentiría al contemplar su siniestro semblante y temblaba cada minuto que pasaba sin que él hiciera acto de presencia.