David Copperfield
David Copperfield La señorita Betsey se encolerizó de tal modo al ver la frialdad con que la señorita Murdstone miraba a su alrededor que pareció quedarse paralizada, en lugar de lanzarse en su persecución, tal como acostumbraba. Aproveché la oportunidad para decirle quién era; y que el caballero que se acercaba a la infractora (pues el camino era muy empinado y se había quedado atrás) era el mismísimo señor Murdstone.
–¡Me importa un comino quién sea! –exclamó mi tía, que hacía toda clase de gestos, menos de bienvenida, desde la ventana–. No permitiré que nadie entre en mi propiedad. No estoy dispuesta a tolerarlo. ¡Fuera de ahí! Janet, hazle dar media vuelta. ¡Que salga de ahí!