David Copperfield
David Copperfield El hecho de que aumentara mi amistad e intimidad con el señor Dick no impidió que siguiera gozando del favor de su leal amiga, mi tÃa. Me tomó tanto cariño que, al cabo de unas semanas, decidió abreviar mi nombre adoptivo y convertir Trotwood en Trot; e incluso me hizo albergar la esperanza de que, si continuaba como habÃa empezado, ella llegarÃa a quererme tanto como a mi hermana Betsey Trotwood.
–Trot –dijo la señorita Betsey una noche, cuando trajeron el tablero de backgammon para ella y para el señor Dick–, no debemos olvidar tu educación.
Era el único asunto que me inquietaba, y me sentà muy dichoso de que lo mencionara.
–¿Te gustarÃa ir a un colegio en Canterbury? –preguntó mi tÃa.
Le respondà que me encantarÃa, pues asà seguirÃa muy cerca de ella.
–¡Bien! –exclamó–. ¿Te gustarÃa empezar mañana mismo?
Como ya estaba familiarizado con la rápida evolución de las ideas de mi tÃa, no me sorprendió una proposición tan repentina.
–Sà –contesté.
–¡Bien! –repitió ella–. Janet, pide el poni gris y la calesa para mañana a las diez en punto, y prepara esta noche el equipaje del señor Trotwood.