David Copperfield
David Copperfield La señorita Betsey le dio las gracias y entramos en su gabinete, que estaba amueblado como un despacho, con libros, documentos, cofres de estaño, etc. Daba a un jardÃn y tenÃa una caja fuerte, empotrada en la pared, tan cerca de la repisa de la chimenea que me pregunté cómo se las arreglarÃan los deshollinadores para limpiarla.
–Y bien, señorita Trotwood –exclamó el señor Wickfield, pues no tardé en averiguar que se trataba de él, que era abogado y que administraba las propiedades de un rico caballero de la región–, ¿qué viento la trae por aqu� Espero que sea un viento favorable…
–En efecto –replicó mi tÃa–; no he venido por una cuestión legal.
–Tiene usted razón, señora –dijo el señor Wickfield–. Siempre es mejor visitarme por cualquier otro motivo.