David Copperfield
David Copperfield –Antes de poder aconsejarla como es debido –respondió el señor Wickfield–, le haré la pregunta de siempre. ¿Qué motivo le impulsa a actuar as�
–¡Qué diablos! –protestó mi tÃa–. ¿Por qué busca siempre motivos ocultos, cuando éstos se hallan a la vista? Sólo pretendo que este muchacho sea feliz y se convierta en un hombre de provecho.
–Seguro que hay otras razones –dijo el señor Wickfield, moviendo la cabeza y sonriendo con incredulidad.
–¡TonterÃas! –repuso la señorita Betsey–. Usted afirma que sólo existe un motivo en todo cuanto hace. ¿Acaso cree ser el único que obra con rectitud?
–SÃ, pero yo sólo tengo un motivo en la vida, señorita Trotwood –contestó sonriendo–. Otras personas tienen docenas, veintenas, cientos. Yo sólo uno. Ahà radica la diferencia. Sin embargo, eso es algo que ahora no viene al caso. ¿El mejor colegio? Sea cual sea su motivo, ¿quiere el más prestigioso?
Mi tÃa asintió con la cabeza.
–El problema es que en nuestro mejor colegio –dijo el señor Wickfield, reflexionando– no cogerán interno a su sobrino.
–Supongo que podrÃa residir en otro lugar –exclamó mi tÃa.