David Copperfield
David Copperfield –No sabe cuánto agradezco su ofrecimiento –respondió mi tÃa–; y seguro que David también.
–¡Vamos! Ya sé lo que piensa –exclamó el señor Wickfield–. No me deberá ningún favor, señorita Trotwood. Puede pagar su manutención, si asà lo desea. No discutiremos las condiciones, pero puede pagar, si quiere.
–En ese caso –afirmó mi tÃa–, lo dejaré encantada; aunque seguiré estando en deuda con usted.
–Entonces, vengan a conocer a mi pequeña ama de llaves –dijo el señor Wickfield.