David Copperfield
David Copperfield –¿Te gustarÃa quedarte con nosotros, Trotwood? ¿O preferirÃas alojarte en otro lugar? –inquirió.
–PreferirÃa quedarme, señor –respondà presuroso.
–¿Estás seguro?
–Si usted quiere. ¡Si me lo permite!
–Me temo que la vida que llevamos en esta casa es demasiado aburrida –afirmó.
–No es más aburrida para mà que para Agnes, señor. ¡No es nada aburrida!
–Que para Agnes… –repitió, andando lentamente hacia la enorme chimenea y apoyándose en ella–. ¡Que para Agnes!
Aquella noche habÃa bebido vino (o eso imaginé) hasta tener los ojos inyectados de sangre. En aquel momento no podÃa vérselos, pues miraba al suelo y los ocultaba tras su mano; pero me habÃa fijado antes en ese detalle.
–Me gustarÃa saber si mi pequeña Agnes se cansará de mà –murmuró–. ¿Cómo podrÃa yo cansarme de ella? Pero eso es diferente… SÃ, muy diferente.
Estaba pensando en voz alta, no hablaba conmigo; asà que guardé silencio.