David Copperfield
David Copperfield Observé a lo largo del día que el señor Murdstone era mucho más serio y juicioso que los otros dos caballeros. Éstos parecían muy alegres y despreocupados; bromeaban entre sí con toda libertad, pero rara vez lo hacían con él. Tuve la impresión de que era más frío e inteligente que sus compañeros, que parecían experimentar por él un sentimiento muy parecido al mío. En una o dos ocasiones, me percaté de que el señor Quinion miraba de reojo al señor Murdstone mientras hablaba, como si quisiera estar seguro de que sus palabras no le disgustaban; y de que, en un momento en que el señor Passnidge (el otro caballero) se mostraba muy animado, se había apresurado a pisarle el pie y a hacerle una señal de advertencia con la mirada, con el fin de señalar al señor Murdstone, que seguía allí sentado, grave y silencioso. No recuerdo que nuestro vecino se riera en todo el día, excepto con la broma de Brooks de Sheffield, que, por cierto, se le había ocurrido a él.