David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

–Se ha quedado hasta muy tarde esta noche, Uriah –le dije.

–Sí, señor Copperfield –respondió.

Cuando me subí en el taburete que había frente a él, a fin de conversar más cómodamente, me di cuenta de que no sabía sonreír; se limitaba a ensanchar la boca hacia los lados, y se le formaban dos profundos surcos en las mejillas, uno a cada lado.

–No estoy trabajando para el bufete, señor Copperfield –señaló Uriah.

–Entonces, ¿qué hace? –pregunté.

–Mejoro mis conocimientos legales, señor Copperfield –afirmó–. Estudio el tratado de Tidd[27] ¡Qué magnífico escritor, señor Copperfield!

Mi taburete era un observatorio tan bueno que, cuando Uriah continuó su lectura, después de tan entusiasta exclamación, y empezó a seguir las líneas con su dedo índice, me fijé en que sus orificios nasales –pequeños, puntiagudos y con profundas oquedades– tenían un modo curioso y muy desagradable de dilatarse y contraerse; parecían parpadear en lugar de sus ojos, que casi nunca pestañeaban.

–Supongo que es usted un gran abogado, ¿no es así? –comenté, después de mirarlo un rato.

–¿Yo, señor Copperfield? –exclamó Uriah–. ¡Qué va! Soy un hombre muy humilde.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker