David Copperfield
David Copperfield –Doctor –dijo la madre de la señora Strong, una vez que estuvimos sentados–, he olvidado felicitarle, y ya sabe que en mi caso no se trata de un mero cumplido. PermÃtame que le desee muchos años de felicidad.
–Se lo agradezco, señora –repuso el doctor.
–Y muchos, muchos, muchos años de felicidad –prosiguió el Viejo Soldado–, no sólo para usted sino también para Annie, John Maldon y tantos otros. Parece que fue ayer, John, cuando eras un pequeño que no llegaba al hombro del señor Copperfield y ya cortejabas a Annie tras los groselleros del jardÃn.
–Querida mamá –exclamó la señora Strong–, ¿qué importancia tiene eso?
–Annie, no seas ridÃcula –respondió su madre–. Si no puedes oÃr algo asà sin ruborizarte, ahora que eres una vieja mujer casada, ¿cuándo dejarás de hacerlo?
–¿Vieja? –repitió el señor Jack Maldon–. ¿Annie? ¡Vamos!