David Copperfield
David Copperfield –SÃ, John –contestó el Soldado–. Para los efectos, es una vieja mujer casada. Aunque no tenga demasiados años, porque ¿cuándo me has oÃdo decir que una muchacha de veinte años sea vieja? Tu prima es la mujer del doctor y como tal la he tratado. Has encontrado en él a un amigo amable e influyente, y me atrevo a decir que será aún más generoso contigo si te haces merecedor de ello. No tengo falso orgullo. Jamás he dudado en admitir que varios miembros de nuestra familia están necesitados de un amigo. Y tú eras uno de ellos antes de que la influencia de tu prima te lo procurase.
El doctor, llevado por la bondad de su corazón, hizo un gesto con la mano para restar importancia al asunto y evitar que siguiera sermoneando al señor Jack Maldon. Pero la señora Markleham cambió de asiento para acercarse al doctor y, apoyando su abanico en la manga de éste, exclamó:
–No, no, mi querido doctor. Le ruego que me disculpe por insistir, pero es algo que me parece muy importante. Yo lo llamo mi monomanÃa, pues constituye una obsesión para mÃ. Es usted una bendición para todos nosotros, un verdadero regalo del cielo.
–¡TonterÃas! ¡TonterÃas!