David Copperfield
David Copperfield –De ningún modo, doctor –protestó el Viejo Soldado–. Puesto que sólo se halla presente nuestro querido amigo el señor Wickfield, no permitiré que me impida expresar lo que siento. Y si sigue hablando en ese tono, haré valer mis privilegios de suegra y le reprenderé. Soy una persona muy franca y sincera. No hago sino repetir las palabras que le dije cuando, cogiéndome por sorpresa (¿se acuerda de mi asombro?), me pidió la mano de Annie. Y no es que aquella proposición matrimonial me pareciera extraña (serÃa absurdo decir algo semejante), pero como usted habÃa sido amigo de su pobre padre y la conocÃa desde los seis meses, jamás se me habÃa ocurrido pensar en usted de esa manera, ni siquiera como hombre casadero… y ya está.
–Bueno, bueno –respondió el doctor con buen humor–. No tiene importancia.