David Copperfield
David Copperfield –Pues claro que la tiene –exclamó el Viejo Soldado, colocando el abanico sobre los labios del doctor–. Y para mÃ, mucha. Si traigo todo esto a colación es para que me contradiga si me equivoco. Pues bien, entonces hablé con Annie y le expliqué lo ocurrido. Le dije: «Querida, he recibido la visita del doctor Strong que, de un modo muy generoso, ha declarado su amor por ti y ha pedido tu mano». ¿Acaso ejercà la menor presión? No. Le pregunté: «Annie, dime la verdad, ¿está libre tu corazón?». Ella me contestó llorando: «Mamá, soy muy joven –lo que era cierto– y ni siquiera sé si tengo corazón». «Entonces, querida –le respondÖ, puedes tener la seguridad de que está libre. En cualquier caso, mi amor –continué–, el doctor Strong está muy impaciente y nervioso y hay que darle una respuesta. No podemos dejarlo en la incertidumbre». «Mamá –respondió ella, sin dejar de llorar–, ¿cree que será desgraciado sin mÃ? De ser asÃ, lo admiro y lo respeto tanto que me casaré con él». Y todo quedó arreglado. Entonces, sólo entonces, le dije a Annie: «El doctor Strong no sólo será tu marido, sino que ocupará el lugar de tu difunto padre: será el cabeza de familia y representará la sabidurÃa, la posición social e incluso el sustento de tus allegados; en una palabra, será una bendición para todos nosotros». Empleé esa expresión en aquel entonces, y he vuelto a utilizarla hoy. Si tengo alguna virtud, es la constancia.