David Copperfield
David Copperfield –Annie, querida –exclamó, mirando el reloj y llenando su vaso–, ha llegado la hora de que tu primo Jack nos abandone y no debemos retrasar su partida; ya sabes que el tiempo y la marea, y ambos intervienen en este caso, no esperan a nadie. Jack Maldon, tiene ante usted un largo viaje y un paÃs extranjero; pero muchos hombres han corrido su suerte con anterioridad, y muchos otros lo harán hasta el final de los tiempos. Los vientos a los que se enfrentará han conducido a miles de hombres a su fortuna, y han traÃdo felizmente de regreso a miles y miles de ellos.
–Resulta conmovedor –dijo la señora Markleham–, desde cualquier punto de vista, resulta conmovedor ver cómo un excelente joven al que una ha conocido desde la infancia se marcha al otro extremo del mundo y deja todo lo conocido tras sÃ, sin saber lo que le espera. Un joven capaz de realizar semejante sacrificio –prosiguió, mirando al doctor– bien merece ayuda y protección.
–El tiempo pasará rápidamente para usted, Jack Maldon –continuó el doctor–, y también para nosotros. Es probable que algunos de los aquà presentes, siguiendo el curso natural de las cosas, no podamos darle la bienvenida. Esperemos que no sea asÃ. No le cansaré con buenos consejos. Su prima Annie ha sido durante mucho tiempo un modelo de perfección para usted. Imite cuanto pueda sus virtudes.