David Copperfield
David Copperfield Por lo general, pero no siempre. A veces aparecen ante mí visiones más alegres. Cuando me visto (algo en lo que tardo dos horas) para acudir al gran baile que dan los Larkins (por el que llevo suspirando tres semanas), dejo volar mi fantasía. Me veo a mí mismo haciendo acopio de valor para declararme a la señorita Larkins. La veo a ella apoyando su cabeza en mi hombro para decirme: «¡Oh, señor Copperfield, no puedo dar crédito a mis oídos!». E imagino al señor Larkins visitándome al día siguiente, y exclamando: «Mi querido señor Copperfield, mi hija me lo ha contado todo. La juventud no es ningún obstáculo. Aquí tiene usted veinte mil libras. ¡Qué sean muy felices!». Mi tía cede y nos da su bendición; y el señor Dick y el doctor Strong asisten a la boda. Creo que soy un joven bastante sensato (hablo de aquella época) y modesto; pero, a pesar de todo, lo que acabo de contar es cierto.