David Copperfield
David Copperfield Por supuesto que lo habÃa observado, y a menudo me habÃa preguntado si también se habrÃa percatado ella. Debió de leer mis pensamientos, pues se apresuró a bajar los ojos, y me di cuenta de que los tenÃa llenos de lágrimas.
–¿Y cuál es? –inquirió Agnes, bajando la voz.
–Creo que… ¿Puedo hablarte con franqueza, Agnes? Aprecio tanto a tu padre.
–Por favor –replicó ella.
–Creo que ese hábito suyo, que se ha intensificado desde mi llegada a esta casa, no le hace ningún bien. A menudo parece muy nervioso, aunque quizá sean sólo imaginaciones mÃas.
–No, no lo son –afirmó Agnes, moviendo la cabeza.
–Le tiemblan las manos, balbucea, y tiene la mirada perdida. He observado que precisamente cuando es menos él, es cuando lo requieren para solucionar algún asunto.
–Cuando lo requiere Uriah –dijo Agnes.