David Copperfield
David Copperfield Apenas podÃa creer que aquello no fuera un sueño, y pensé que pronto me despertarÃa en la habitación número cuarenta y cuatro y volverÃa a ocupar mi rincón solitario en el comedor, con el camarero que se tomaba tantas confianzas conmigo. Después de escribir a mi tÃa, y contarle que habÃa tenido la suerte de encontrar a mi viejo compañero de internado y que habÃa aceptado su invitación, alquilamos un carruaje, visitamos un Panorama,[32] entre otras cosas, y paseamos por el Museo Británico, donde no pude evitar percatarme de la cantidad de cosas que sabÃa Steerforth sobre los asuntos más variados, algo a lo que no parecÃa conceder la menor importancia.
–Te licenciarás con todos los honores en Oxford, Steerforth –afirmé–, si no lo has hecho todavÃa; ya verás cuánto se enorgullecen de ti.
–¿Licenciarme? ¿Yo? –exclamó Steerforth–. ¡De ningún modo! Mi querido Daisy… ¿te importa que te llame as�[33]
–En absoluto –contesté.
–¡Buen muchacho! Mi querido Daisy –dijo Steerforth, riendo–, no tengo ni deseos ni intenciones de alcanzar semejante distinción. Ya he cumplido con creces mis propósitos. Me considero suficientemente aburrido tal como soy.
–Pero el prestigio… –empecé a decir.