David Copperfield
David Copperfield –No. Yo no era más que un niño y ella me sacó de mis casillas, asà que le arrojé un martillo. ¡Qué angelito tan prometedor!
Lamenté profundamente haber tocado un tema tan doloroso, pero ya no tenÃa remedio.
–Como has podido ver, quedó desfigurada para siempre y se llevará esa cicatriz a la tumba, si es que algún dÃa descansa en una… me cuesta creer que pueda descansar en parte alguna. Era la hija de un primo lejano de mi padre. Cuando él murió –su esposa habÃa muerto antes–, mi madre, que habÃa enviudado, decidió traerla a Highgate para que le hiciese compañÃa. Su fortuna asciende a dos mil libras, y ahorra los intereses anuales para sumarlos a su capital. Ahora ya conoces la historia de la señorita Dartle.
–Seguro que te quiere como a un hermano, ¿no es as�
–¡Bah! –respondió Steerforth, contemplando el fuego–. Hay hermanos a los que no se quiere demasiado, y hay cariños… Pero sÃrvete, Copperfield. Brindaremos en tu honor por las margaritas del campo; y en el mÃo, por los lirios del valle, tan improductivos como yo… ¡para mi vergüenza!
Pronunció alegremente estas palabras, mientras la sonrisa melancólica que habÃa esbozado unos instantes antes desaparecÃa de su rostro; volvió a ser tan encantador y tan cordial como siempre.