David Copperfield
David Copperfield –Dice James que se conocieron en el internado del señor Creakle –me comentó la señora Steerforth, mientras su hijo y la señorita Dartle jugaban al backgammon en otra mesa–. Recuerdo que en aquella época me habló de un alumno más joven con quien se habÃa encariñado mucho; pero, como puede usted suponer, habÃa olvidado su nombre.
–¡Fue tan generoso y tan noble conmigo en aquellos dÃas! –exclamé–. Y le aseguro, señora, que yo necesitaba desesperadamente un amigo. Sin él, me habrÃan destrozado.
–Él es siempre noble y generoso –afirmó la señora Steerforth con orgullo.
Bien sabe Dios que suscribà de todo corazón sus palabras. Y ella lo comprendió, pues empezó a mostrarse menos distante conmigo; y sólo volvió a mostrarse altiva cuando elogiaba a su hijo.
–Aquél no era un buen colegio para mi hijo; estaba muy lejos de serlo. Pero en aquellos momentos era preciso tener en cuenta una serie de circunstancias que resultaban más importantes que la elección del internado. James era tan brillante que consideré preferible enviarlo a un lugar dirigido por un hombre capaz de reconocer su superioridad y dispuesto a inclinarse ante ella; y lo encontré en Salem House.