David Copperfield
David Copperfield No me sorprendió nada, conociendo al señor Creakle. Y esto, sin embargo, no aumentó mi desprecio por él. Me pareció que lo redimÃa en parte… si es que se le podÃa perdonar el hecho de no haberse resistido a alguien tan irresistible como Steerforth.
–Las cualidades de mi hijo se vieron estimuladas allÃ, gracias al sentimiento de emulación voluntaria y de orgullo consciente –continuó diciendo la indulgente madre–. Se habrÃa rebelado contra cualquier imposición; pero, al darse cuenta de que era el rey del colegio, decidió ser digno del puesto que ocupaba. Fue algo muy propio de él.
Con toda mi alma, con todo mi corazón, repetà que fue algo muy propio de él.
–AsÃ, pues, mi hijo siguió por voluntad propia, sin que nadie le obligara, un camino en el que siempre podrá destacar sobre sus rivales –prosiguió–. James me ha contado, señor Copperfield, que usted siente un gran afecto por él y que, al encontrarlo ayer, se dio a conocer con lágrimas de alegrÃa. SerÃa una hipocresÃa por mi parte fingir que me sorprende que mi hijo inspire semejantes sentimientos; pero no puedo mostrarme indiferente ante quienes reconocen su valÃa, y celebro mucho conocerle. Puedo asegurarle que su amistad por usted es algo muy especial, y que puede contar con su protección.