David Copperfield
David Copperfield La semana transcurrió del modo más encantador. Como puede suponerse, pasó volando para un joven como yo, fascinado por todo lo que le rodeaba; y me ofreció tantas oportunidades de conocer mejor a Steerforth y de admirarle más en multitud de aspectos que, al final, tuve la impresión de haber disfrutado de su compañÃa mucho más tiempo. TenÃa una forma cautivadora de tratarme, como si fuera un juguete, que me agradaba mucho más que cualquier otra actitud que hubiera podido adoptar. Me recordaba nuestra vieja amistad, y me parecÃa una consecuencia natural de ésta; me confirmaba que él no habÃa cambiado; me impedÃa sentir el desasosiego que de otro modo habrÃa experimentado al comparar mis méritos a los suyos y al sopesar mi derecho a su amistad, como si fuéramos iguales; y, por encima de todo, era un modo de comportarse familiar, espontáneo, cariñoso que no tenÃa con ninguna otra persona. Al igual que en Salem House me habÃa tratado de distinta manera que a los demás, me satisfacÃa pensar que en la vida seguÃa conduciéndose conmigo de un modo muy especial. CreÃa estar más cerca de su corazón que cualquier otro amigo, y mi corazón rebosaba de cariño por él.