David Copperfield
David Copperfield Decidió, pues, acompañarme en mi viaje, y llegó el día de nuestra marcha. Al principio dudó si llevarse o no con él a Littimer, pero resolvió dejarlo en Highgate. Aquel respetable personaje, satisfecho siempre con su suerte, fuera ésta cual fuera, colocó nuestros baúles en el pequeño carruaje que nos llevaría a Londres, como si tuvieran que resistir los baches de varios siglos; y recibió sin inmutarse la propina que modestamente le di.
Nos despedimos de la señora Steerforth y de la señorita Dartle; yo me mostré muy agradecido y la devota madre, muy amable. Lo último que vi fue la mirada imperturbable de Littimer; y percibí en ella la muda convicción de que yo era decididamente muy joven.