David Copperfield
David Copperfield –¡Ojalá! –respondÃ.
–Pero no lo es –aseguró, abriendo los ojos cuanto pudo.
Le dije que estaba convencido de eso, y el señor Barkis, dulcificando la mirada, se volvió hacia Peggotty y dijo:
–Es la mujer más trabajadora y bondadosa que existe, C.P. Barkis. Merece todos los elogios que puedan hacerse de ella, ¡y muchos más! Querida, prepararás un buen almuerzo para nuestro invitado; algo delicioso para comer y beber, ¿eh?
TendrÃa que haber protestado contra aquella innecesaria demostración en mi honor, pero me di cuenta de que Peggotty, que se hallaba al otro lado de la cama, estaba deseosa de que no lo hiciera. Asà que guardé silencio.
–Tengo un poco de dinero por aquÃ, querida –exclamó el señor Barkis–, pero estoy algo cansado. Si el señor David y tú me dejáis echarme una pequeña siesta, intentaré encontrarlo cuando me despierte.