David Copperfield
David Copperfield –Resulta bastante tétrico en la oscuridad –contestó mi amigo–; y la mar ruge como si sintiera hambre al vernos. Aquella luz de allÃ, ¿no es la barca del señor Peggotty?
–SÃ, sà que lo es.
–Es la misma barca de esta mañana –exclamó mi amigo–. Supongo que el instinto me llevó hacia ella.
No hablamos más mientras nos acercábamos a la luz, y nos dirigimos silenciosos a la puerta. Puse la mano sobre el picaporte y, susurrando a Steerforth que me siguiera, entré.