David Copperfield
David Copperfield –No era más alta que usted, señorito Davy… la primera vez que vino… cuando se me ocurrió imaginarla de mayor. Y la vi crecer, caballeros… como una flor. DarÃa mi vida por ella, señorito Davy. ¡Y con la mayor alegrÃa! Ella es para mÃ, caballeros… más que todo lo que pueda desear, y más de lo que… jamás podrÃa expresar. La quiero con toda mi alma. No hay caballero sobre la tierra… ni tampoco sobre el mar… que pueda querer a su dama más que yo… Aunque muchos hombres sencillos… dirÃan mejor que yo… lo que sienten.
Me pareció enternecedor ver a un joven tan robusto como Ham temblando por la intensidad de su amor por la hermosa criaturita que se habÃa adueñado de su corazón. Pensé que la confianza que tanto él como el señor Peggotty habÃan depositado en nosotros era, de por sÃ, conmovedora. La historia me emocionó. No sé hasta qué punto influÃan en mi ánimo los recuerdos de mi infancia, ni si habÃa llegado con alguna vaga idea de seguir amando a la pequeña Emily. Sólo sé que me sentÃa muy complacido; aunque, al principio, mi alegrÃa estuvo teñida de una emoción indescriptible, y habrÃa bastado muy poco para que se convirtiera en dolor.