David Copperfield
David Copperfield Por ese motivo, si hubiera dependido de mà hacer vibrar la cuerda sensible de todos los presentes con algún comentario, mi intervención habrÃa sido poco afortunada. Pero ese honor le correspondÃa a Steerforth; y lo hizo con tanta maestrÃa que, en pocos minutos, nos sentimos todo lo felices y contentos que podÃamos llegar a sentirnos.
–Señor Peggotty –dijo–, es usted un hombre excelente y merece ser siempre tan feliz como esta noche. ¡Choque esa mano! Ham, muchacho, ¡enhorabuena! ¡Choque también esa mano! Daisy, aviva el fuego, ¡consigue que arda con brÃo! Y, señor Peggotty, si no logra usted convencer a su encantadora sobrina (a quien dejo este sitio en el rincón) de que vuelva, me marcharé. No quisiera, ni por todas las riquezas de las Indias, ser la causa de que, en una noche como ésta, faltara alguien junto a la chimenea, y mucho menos ella.