David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La aparición de la señora Gummidge con una cesta vino a explicarnos por qué no había nadie en la barcaza. La anciana había salido precipitadamente a comprar algo que necesitaba, antes de que el señor Peggotty regresara con la marea, y había dejado la puerta abierta por si Ham y la pequeña Emily –que debían volver temprano– llegaban mientras ella estaba fuera. Steerforth, después de animar a la señora Gummidge con un alegre saludo y un cómico abrazo, me cogió del brazo y se apresuró a alejarme de allí.

Parecía haber recobrado su buen humor, al igual que la señora Gummidge, pues volvió a ser el de antes; mientras caminábamos, su conversación resultó de lo más animada.

–De modo que mañana abandonamos esta vida de filibusteros, ¿no es cierto? –exclamó alegremente.

–Así lo habíamos acordado –respondí–. Tenemos reservados nuestros asientos en la diligencia.

–Sí. Supongo que ya no tiene remedio –dijo Steerforth–. Casi había olvidado que se pudiera hacer otra cosa en el mundo que dejarse mecer por las olas en este lugar. ¡Lástima que no sea así!

–Al menos mientras durara la novedad –añadí, riendo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker