David Copperfield
David Copperfield –¿Es posible que la viera esta noche en la playa, después de cruzarnos con vosotros?
–Nos seguÃa, ¿verdad? –quiso saber Ham–. SÃ, debÃa de ser ella, señorito Davy. Yo no sabÃa que estaba allÃ, pero un poco más tarde, cuando vio la luz encendida, se acercó al ventanuco de Emily y susurró: «Emily, Emily, por el amor de Dios, apiádate de mÃ. ¡En otro tiempo fui como tú!». ¡Qué palabras tan solemnes, señorito Davy!
–Tienes razón, Ham. ¿Y qué hizo Emily?
–Ella le dijo: «Martha, ¿eres tú? Oh, Martha, no puedes ser tú», pues habÃan trabajado juntas mucho tiempo en la tienda del señor Omer.
–¡Ya sé quién es! –exclamé, recordando una de las dos muchachas que habÃa visto en mi primera visita a la tienda–. ¡Me acuerdo muy bien de ella!
–Martha Endell –declaró Ham–. Tiene dos o tres años más que Emily, pero fueron a la escuela juntas.
–Jamás habÃa oÃdo su nombre –respondÖ. Pero no querÃa interrumpirte…