David Copperfield
David Copperfield –En cuanto a eso, señorito Davy, su historia se resume en estas palabras: «Emily, Emily, por el amor de Dios, apiádate de mÃ. ¡En otro tiempo fui como tú!». Ella querÃa hablar con Emily, pero Emily no podÃa recibirla allÃ, pues su querido tÃo habÃa llegado a casa y, a pesar de lo bueno y generoso que es, no querrÃa… ni podrÃa –dijo Ham con gran seriedad– ver juntas a esas dos muchachas, la una al lado de la otra, ni por todos los tesoros hundidos en el mar.
Sus palabras encerraban una gran verdad. Lo supe, en aquel instante, tan bien como Ham.
–Asà que Emily escribió a lápiz una nota en un trozo de papel –prosiguió el joven– y se la entregó a Martha por la ventana, diciéndole que la trajera aquÃ. «Enseña esto a mi tÃa, la señora Barkis, y ella te dejará sentarte junto al fuego, por amor a mÃ, hasta que mi tÃo se haya marchado y yo pueda ir a verte», le susurró. Entonces Emily me lo contó todo, señorito Davy, y me pidió que la acompañara. ¿Qué otra cosa podÃa hacer? Ella no deberÃa tratar a una mujer asÃ, pero fui incapaz de negarme cuando vi sus ojos llenos de lágrimas.
Metió la mano en el interior de su áspera chaqueta y sacó con enorme cuidado una preciosa bolsita.