David Copperfield
David Copperfield –Pues bien, mira a tu alrededor y remedia tu negligencia –señaló Steerforth–. Mira a la derecha, y verás una región llana y pantanosa; mira a la izquierda, y contemplarás el mismo paisaje. Mira al frente, y todo seguirá igual; mira atrás, y nada habrá cambiado en lo más mÃnimo.
Le contesté riendo que no veÃa en todo aquel panorama ninguna profesión que me conviniera, lo que quizá podÃa atribuirse a su monotonÃa.
–¿Y qué dice tu tÃa al respecto? –preguntó Steerforth, señalando la carta que yo tenÃa en la mano–. ¿Acaso te sugiere algo?
–Sà –respondÖ. Me pregunta si me gustarÃa ser procurador eclesiástico. ¿Qué te parece?
–No sé –declaró Steerforth, con indiferencia–. Supongo que es un trabajo como cualquier otro.
No pude evitar reÃrme de nuevo, al ver que para él todas las profesiones eran iguales; y asà se lo dije.
–¿Qué es un procurador eclesiástico, Steerforth?