David Copperfield
David Copperfield –No es ésa mi intención, querido muchacho –respondió–. Lo único que digo es que son sopesadas y juzgadas por los mismos hombres, allà en los Doctors’ Commons. Unos dÃas los encontrarás empleando torpemente la mitad de los términos náuticos del diccionario de Young, discutiendo si la Nancy ha echado a pique a la Sarah Jane, o si el señor Peggotty y los marineros de Yarmouth han lanzado, en medio del temporal, un ancla y un cabo al Nelson, a punto de naufragar en su ruta hacia las Indias; y otros dÃas estarán concentrados en el estudio de los testimonios en pro y en contra de un clérigo que no ha observado buena conducta. Y es muy posible que el juez del caso náutico sea el abogado defensor del caso del clérigo, o viceversa. Son como actores de teatro: tan pronto representan el papel de juez, como no lo representan; ahora son esto, ahora lo otro, siempre cambiando; pero jamás deja de ser una pequeña comedia de salón, representada con éxito ante un público extraordinariamente selecto.
–Pero ¿no es lo mismo un abogado defensor que un procurador? –pregunté, algo confuso.