David Copperfield
David Copperfield –No –replicó Steerforth–, los abogados defensores son civiles que han obtenido un tÃtulo en la universidad… lo que explica en parte por qué estoy al corriente. Los procuradores emplean a los abogados defensores. Tanto los unos como los otros cobran honorarios muy sustanciosos, y juntos forman un pequeño grupo verdaderamente próspero. En términos generales, David, te recomendarÃa que aceptases de buen grado los Doctors’ Commons. Te diré, por si puede complacerte, que quienes trabajan ahà presumen de ser gente muy distinguida.
Tuve en cuenta la ligereza con que Steerforth hablaba del asunto y, recordando el aire de solemne rectitud y antigüedad que yo asociaba a aquel «viejo y aburrido rincón cerca del cementerio de Saint-Paul», comprendà que no me desagradaba la sugerencia de mi tÃa. Ella dejaba, por otra parte, que yo tomara la decisión; y no vaciló en decirme que se le habÃa ocurrido la idea durante una visita que habÃa hecho recientemente a su procurador, allà en los Doctors’ Commons, con el propósito de redactar un testamento a mi favor.
–¡Muy loable por su parte! –exclamó Steerforth cuando se lo comenté–. Merece todo tu apoyo. Daisy, mi consejo es que aceptes de buen grado los Doctors’ Commons.