David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Hicimos un alto en la tienda de juguetes de Fleet Street para ver cómo los gigantes de Saint Dunstan[45] daban la hora (habíamos previsto estar allí a las doce en punto) y luego continuamos hacia Ludgate Hill y la iglesia de Saint Paul. Cuando estábamos llegando al primero de estos lugares, me di cuenta de que mi tía aceleraba el paso y parecía asustada. Vi, al mismo tiempo, que un hombre ceñudo y mal vestido, que poco antes se había detenido y nos había mirado fijamente, al cruzarse con nosotros, nos seguía tan de cerca que casi rozaba la ropa de la señorita Trotwood.

–¡Trot! ¡Mi querido Trot! –susurró mi tía aterrorizada, oprimiéndome el brazo–. No sé qué hacer.

–No tenga miedo –le dije–. No pasa nada. Entre en una tienda y ya verá lo pronto que me deshago de ese individuo.

–¡No, no, hijo! –respondió–. No hables con él por nada del mundo. ¡Te lo suplico, te lo ordeno!

–¡Por Dios, tía! –exclamé–. Si no es más que un mendigo insolente.

–¡No sabes lo que es! –repuso ella–. ¡No sabes quién es! ¡No sabes lo que estás diciendo!

Entretanto, nos habíamos detenido en un portal vacío y él nos había imitado.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker