David Copperfield
David Copperfield Durante el camino de vuelta, mi tía dijo estar convencida de que mi nueva vida me convertiría en un hombre firme y seguro de sí mismo, que era lo único que necesitaba. Al día siguiente me lo repitió varias veces, mientras organizábamos el envío de mi ropa y de mis libros desde casa del señor Wickfield. Con ese propósito, escribí una larga carta a Agnes, en la que también le hablaba de mis vacaciones en Yarmouth. La señorita Trotwood se encargaría de dársela, pues había tomado la decisión de marcharse al día siguiente. Para no extenderme en estos detalles, añadiré únicamente que mi tía fue muy generosa conmigo y me dio todo el dinero que podía necesitar durante mi mes de prueba; que Steerforth, con gran desilusión nuestra, no apareció antes de su partida; que no me separé de ella hasta dejarla instalada, junto a Janet, en la diligencia de Dover, exultante por su futura victoria sobre los asnos vagabundos; y que, cuando el carruaje desapareció, volví mi rostro hacia el Adelphi, recordando los antiguos días en que yo deambulaba por sus arcadas subterráneas, y pensé en las felices circunstancias que me habían traído a la superficie.